El Águilas Fútbol Club venció por un gol a tres a la Unión Deportiva Almería ‘B’ en el encuentro disputado esta mañana en el Estadio Anexo de los Juegos Mediterráneos y correspondiente a la jornada 18 (la primera de la segunda vuelta) del campeonato en el Grupo IV de Segunda Federación. El cuadro blanquiazul, de esta manera, arranca el año natural de la mejor forma posible: no sólo cosechando su segunda victoria del curso como visitante, sino mostrando su versión más sólida y fiable de todas las comparecencias de la temporada lejos del Rubial.
Este Águilas, citando a Joel Rodríguez en la rueda de prensa postpartido, es “otro rollo”. Vaya por delante que un servidor ha defendido desde el inicio de campaña que el equipo había sumado menos puntos de los que merecía y que su juego, en multitud de facetas, era sustancialmente mejor a lo que acostumbra a ofrecer la categoría. No obstante, aquel gol de Soler ante el Linares cambió algo que resulta difícil explicar, una especie de intangible que rige (a veces, de forma caprichosa) el devenir de cualquier grupo de futbolistas. Porque, posiblemente, los hombres de Fran Alcoy no están desarrollando un mejor fútbol que el que mostraron en el grueso de la primera vuelta, si bien el ambiente que se respira es distinto. Ahora, a un conjunto al que ya era verdaderamente difícil superar, por el motivo que sea y casi de repente, se le ha empezado a dar bien eso de ganar. Los números hablan por sí solos: tres victorias en los últimos cinco partidos, una más que en los 14 anteriores.
El mejor ejemplo de lo anterior es la comparativa entre el partido de esta mañana y el duelo equivalente de la primera vuelta. Aquella tarde de septiembre, el Águilas firmó una primera parte memorable en la que acumuló ocasiones suficientes para golear a su rival, un Almería ‘B’ que, en cuestión de minutos, pasó de no saber por dónde le soplaba el viento a verse con dos goles a su nombre en el marcador en sendos chispazos aislados. Y aunque todo esto no quiere decir en absoluto que los nuestros se hayan traído de su visita a la ciudad indálica un premio mayor al merecido, no es ningún pecado admitir que, este mediodía, no necesitaron hacer tanto para verse, muy pronto, con un 0-2 a favor.
Soler, un central y/o pivote que vive un idilio con el gol, inauguró la mañana con un remate de cabeza a un tiro libre botado desde la derecha por Joel Rodríguez. Prácticamente lo mismo, por ejemplo, que hizo Ebuka en el enfrentamiento de la primera jornada del torneo, con la diferencia de que, en esta ocasión, el asistente no anuló el tanto. Y eran los dos igual de legales, que conste, sólo que hoy el juez de línea sí acertó. Puede sonar a verdad de Perogrullo, pero la realidad es que el fútbol se reduce básicamente a eso: a detalles puntuales, a equivocarte menos que el contrario, aunque hagas las mismas o más cosas; o a que si los que yerran son otros (en nuestro caso, fundamentalmente, los árbitros), que los efectos a sufrir sean lo menos perjudiciales posible.
Sirvan dos ejemplos correlativos más: con 0-1, el local Josema estrelló contra la madera el típico remate que, hace mes y medio, todos habríamos dado por hecho que acababa en gol en contra. Y varios minutos después de eso, Joel Rodríguez, al igual que sucedió ante el Recreativo Granada, se aprovechó de un error infantil de comunicación de la zaga rojiblanca para hacer a placer el 0-2 con el que nos iríamos al descanso.
De igual modo que habrá quien pueda argumentar que el resultado a esas alturas reflejaba una distancia que posiblemente no se apreció en el campo, el segundo tiempo sí confirmó que el Águilas mereció ganar con solvencia y fue muy superior al filial almeriense. En este sentido, cabe destacar que los blanquiazules no sólo leyeron el partido a las mil maravillas, sino que se mostraron serios en defensa, pacientes y organizados en el medio y mucho más precisos de lo habitual en fase de finalización. Fruto de todo ello, llegó el 0-3, obra de Javi Castedo (ya son seis para él), tras un pase magnífico al hueco de Tomás Inglés. Sólo el enésimo error arbitral en contra de los nuestros, traducido esta vez en un penalti muy riguroso de Morillas, dio algo de picante al partido en unos minutos finales en los que los chavales de Alberto Lasarte apretaron los dientes y buscaron un segundo gol que sirviera de aviso a los blanquiazules, tan sólidos, sin embargo, como en el resto del encuentro. Porque este equipo ha aprendido de los errores y está totalmente listo para afrontar lo que está por venir. Y claro, no es lo mismo iniciar ese camino con una derrota o un empate que con el “subidón” de golear a un rival directo y de seguir dando pasos y pequeños saltos clasificatorios en dirección a los objetivos más ambiciosos.