El Águilas Fútbol Club perdió por cero goles a dos ante el Juventud de Torremolinos Club de Fútbol en el encuentro disputado anoche en el Estadio Centenario El Rubial y correspondiente a la jornada 25 -aplazada- del campeonato en el Grupo IV de Segunda Federación. Los blanquiazules no tuvieron respuesta al claro dominio de los visitantes, que se hicieron merecidamente con la victoria gracias a los goles de Camacho en el primer tiempo y de Fran Castillo en el comienzo del segundo. Los hombres de Fran Alcoy, así pues, desaprovechan la oportunidad que tenían de reducir distancias con la parte alta y se quedan igual que estaban: a tres puntos (más golaveraje) del quinto clasificado, el Estepona.
No es que sea muy habitual, y menos con el Águilas de por medio, pero hay veces en las que el fútbol, además de por el resultado, se explica sencillamente por lo que se ve sobre el campo. Y la de ayer, sin duda alguna, fue una de esas veces. Prácticamente desde el pitido inicial, el Torremolinos demostró dos cosas: que no tenía intención alguna de despreciar el comodín que le otorgaba el calendario en su lucha por el título con nuestros vecinos de La Unión; y, sobre todo, que no está donde está por azar o casualidad.
No en vano, los de Antonio Calderón fueron, sin apenas lugar para la discusión, el mejor equipo que ha pasado por El Rubial en toda la temporada. Más allá del hito que supone ser el primer conjunto que gana en el feudo blanquiazul (el único que todavía se mantenía inexpugnable esta temporada en el Grupo IV), la imagen que ofreció es la de una orquesta en la que absolutamente todos los instrumentos suenan afinados. La defensa se antoja imbatible, el centro del campo da equilibrio y juega cuando toca, las bandas son letales al contragolpe y Fran Castillo, autor de 15 goles -con el de hoy- y 6 asistencias en lo que llevamos de campaña, está listo para un reto mayor que la cuarta categoría de nuestro fútbol.
Incluso la suerte, sin ánimo de desmerecer un ápice la justísima e incuestionable victoria visitante, está del lado de un Torremolinos al que en este momento todo le sale. Al menos, lo suficiente como para que el disparo de Camacho en el 33’ se colase en la portería después de acariciar los dos palos, o que el del propio Fran Castillo en el 56’ acabase haciendo lo mismo tras ser desviado involuntariamente por un defensor local. En ese punto están los malagueños, que se quedan solos y plenos de confianza en su lucha con La Unión por el ascenso directo. Con este resultado, de hecho, puede decirse sin casi lugar a equívoco que, aunque aún no sea matemático, los dos son virtualmente equipo de playoff.
El Águilas, por su parte, no tuvo prácticamente ocasiones claras sobre la portería de Javi Cuenca. Sólo un mano a mano de Chris Martínez en el descuento, ya con 0-2 en el marcador, inquietó de verdad al meta formado en la cantera del Málaga. Los blanquiazules, eso sí, protestaron (con más argumentos arbitrales que derecho deportivo, todo sea dicho) hasta tres penaltis en el segundo tiempo. El más claro, posiblemente, una mano del central argentino Nico tras un centro de Hyeon-Jun Park desde la derecha. El colegiado, fiel a la costumbre de todos los que pasan por este campo, miró para otro lado e ignoró la petición unánime de la grada local, harta de tantísimos errores siempre en la misma dirección. Ojo, que nadie se confunda: el Águilas no perdió por el árbitro, sino sencillamente porque el Torremolinos fue mucho mejor, pero ello no quita que las decisiones se sumen desde ya a la indignante -por extensa- lista de agravios sufridos por el conjunto aguileño desde el arranque de la campaña.