El Águilas Fútbol Club empató a uno ante el Cádiz Club de Fútbol Mirandilla, en el encuentro disputado hoy en el campo Ramón Blanco de la Ciudad Deportiva Bahía de Cádiz y correspondiente a la jornada 26 del torneo en el Grupo IV de Segunda Federación. Los blanquiazules dominaron el partido de principio a fin y se adelantaron por medio de Chris Martínez en el primer tiempo, si bien un golazo del recién entrado Javirro puso el empate definitivo a favor de los amarillos. El punto, corto para los méritos de los hombres de Fran Alcoy, no sirve a los nuestros para dormir en playoff, una tarea que, con total seguridad, va a depender de su desempeño en la próxima secuencia de duelos como local.
Cualquier gran chirigota gaditana que se precie tiene por costumbre estructurar sus actuaciones sobre las tablas del Falla en torno a tres tipos de composición musical diferentes: el pasodoble, el popurrí y el cuplé. Esta última, posiblemente la más identificativa del Carnaval de Cádiz, se diferencia por su alta carga cómica y/o satírica y, sobre todo, un gag final en forma de cierre que da sentido a todo el conjunto de la obra. Y eso, obviando evidentemente la parte humorística, es lo que le faltó al Águilas en su visita al Mirandilla.
Los blanquiazules, de hecho, fueron indiscutiblemente superiores a su rival desde el pitido inicial, pero acabaron pagando muy caro no conseguir plasmar sobre el marcador (al menos, el definitivo) ese dominio. Porque en el fútbol, por más que agote repetirlo y frustre recordarlo cuando las cosas no salen como mereces y esperas, siempre manda el resultado. La realidad, en este sentido, tomó forma de un punto que sabe a poco a Fran Alcoy y los suyos, por necesidad y por imagen mostrada sobre el césped del campo Ramón Blanco, el cual, por cierto, se portó como un campeón, a pesar del agua que le cayó en las horas previas al encuentro.
La primera parte fue un monólogo de color granate, el que hoy vistió el cuadro de la ciudad costera. Los nuestros acumularon numerosas ocasiones hasta que una de ellas acabó por encontrar portería. Así, en el 38’, Héctor Martínez desbordó por su banda y armó un disparo potente que Rubén, el guardameta local, repelió como pudo. Chris Martínez, con un roce tan imperceptible que la mayoría de los que nos encargamos de retransmitir el partido en directo pasamos por alto, tocó lo justo para introducir con la frente la pelota en la red. Era el 1-1.
El gol hacía justicia, si es que ese término tiene cabida en el fútbol moderno, a los méritos de un Águilas que, además, se mostró tan sobrio como de costumbre en lo que a defender botines se refiere. La única duda, sin embargo, apareció en el 73’, minuto en el que Javirro, quien apenas había tocado tres / cuatro balones desde su entrada al campo en el 66’, se paseó por el área visitante para finalizar su acción individual, todo sea dicho, con un remate de tacón y de tantos quilates que sólo cupo aplaudirle y seguir jugando.
El empate espoleó momentáneamente a un Cádiz que pareció atreverse más en los compases posteriores, pero también a un Águilas que acabó el partido mucho más cerca del área rival que de la propia. Los nuestros, no en vano, contabilizaron oportunidades suficientes en el tramo final como para recuperar ese grandísimo nivel ofensivo de la primera mitad y, por qué no decirlo, sentir que el punto no era premio suficiente para lo demostrado sobre el campo. Lo malo es lo que decíamos antes… y tantas veces en el comienzo de temporada: que eso no basta. Lo bueno, que este equipo ha llegado en las mejores condiciones al sprint final. El cuplé no ha salido redondo, ni los nuestros se han quedado solos en el trono que identifica al Rey del Carnaval, pero admitámoslo: Águilas no hizo su fiesta internacional por su habilidad para la composición de chirigotas, aquí somos más de deslumbrar al mundo por lo que hacemos en nuestras calles. Y ahora, le toca al Rubial.
Fuente: Águilas FC